04 mayo, 2009

Relaciones a través de Internet: puntos positivos

Por lo general, la interacción social a través de Internet (chat, mensajería instantánea…) no goza de muy buena consideración. Se dice que la comunicación pierde el calor y los matices del cara a cara, que es más fácil engañar, que todo gira en torno al sexo. Los medios siempre ponen ejemplos de niñas que mandaron datos que no debían a perversos pedófilos camuflados, de ocultaciones de identidad, de omisión de datos. Parece que Internet invita a mentir y engañar sobre uno mismo para de este modo conseguir fines malévolos, amparándose en el anonimato que propicia la red. Sin embargo, los medios no suelen ser casi nunca el lugar idóneo para informarse de las cosas. Es innegable que tales cosas existen en Internet; no obstante, una visión más en profundidad puede mostrar grandes beneficios de la interacción a través de la red.

Para empezar, y como respuesta a los que dicen que la comunicación pierde calidad, es evidente que cambia el modo de intercambiar información. No se ve la cara de la otra persona, no hay lenguaje no verbal, no hay prosodia… Esto puede dar lugar, en ocasiones, a ambigüedades y a errores de comprensión. Sin embargo, este problema puede ser atribuible más a errores en la expresión del usuario que al medio en sí (nadie puede negar que una buena novela sea incapaz de expresar emociones… una muestra del poder del lenguaje escrito). Además, al igual que en su momento el correo o el teléfono, Internet tiene un enorme potencial para intercambiar información, lo cual, a pesar de las diferencias con respecto a la interacción directa, lo hace una herramienta valiosa para relacionarse.

Por otro lado, existe un cuerpo de evidencia que respalda que las relaciones manejadas a través de Internet pueden ser de calidad. Bargh, McKeena y Fitzsimons (2002) postulan que Internet promueve la expresión de lo que ellos llaman true self (yo real). En una interacción cara a cara, las personas tienden a inhibir algunas características de su personalidad que consideran que pueden ser rechazadas o pueden causar desaprobación social. Internet incluye dos características que pueden favorecer el actuar con mayor naturalidad: el anonimato, que permite expresarse al margen de las expectativas de comportamiento que podrían tener de nosotros y minimiza el riesgo de sanciones sociales; y la ausencia de coste de expresar aspectos tabú de uno mismo. En principio, toda persona tendría una motivación a evaluar socialmente su self, mostrándolo ante los demás para comprobar su reacción. En una situación cara a cara, es mucho más costoso, y por ello difícil, mostrar este self tal y como es. En una serie de tres experimentos, estos autores comprobaron que el yo verdadero estaba más accesible para los sujetos tras una interacción por Internet, pero no tras una interacción cara a cara (en la que se inhibían estratégicamente ciertos aspectos) o en una situación sin interacción. También se halló que la primera impresión era más positiva tras un primer encuentro por Internet, pues se tiende a atribuir características ideales al interlocutor, así como a aceptar más fácilmente aspectos de la personalidad del otro. Enlazando con esto, otro estudio (McKeena, Green y Gleason, 2002) encontró que es posible formar relaciones profundas y significativas a través de Internet, incluso a mayor velocidad que con interacciones cara a cara (exp. 1); que estas relaciones pueden prolongarse en el tiempo y extrapolarse con éxito a la vida real (fuera de la red) (exp. 2); y que esto puede deberse a una mayor intimidad y cercanía en la interacción por Internet, contrapuesto a una mayor superficialidad de las interacciones cara a cara. Comentaré un último estudio, de Mesch y Talmud, en el que se comprueba que en las relaciones por Internet, al igual que en las cara a cara, la similaridad es un factor importante a la hora de buscar y formar relaciones. Esto permite concluir que, si tenemos en cuenta que Internet favorece la apertura, sería más sencillo identificar personas similares, con lo que aumentaría también la probabilidad de formar relaciones significativas.

De todo esto, creo que se puede concluir con bastante certeza que Internet es, como mínimo, una buena herramienta de creación y/o apoyo de relaciones personales. Sería demasiado intrépido, a mi entender, afirmar que por sí solo puede sostener una relación plena. Pero sí puede ser un complemento muy valioso, y no conviene despreciarlo ni temerlo. Aunque, por supuesto, como con casi todo, la prudencia nunca está de más.


McKeena, K. Y. A.; Green, A. S.; Gleason, M. E. J. (2002): Relationship formation on the Internet: What's the Big Attraction?. Journal of Social Issues, 58 (1), 9-31.

Bargh, J. A.; McKeena, K. Y. A.; Fitzsimons, G. M.: Can you see the Real Me? Activation and expression of the "True Self" on the Internet. Journal of Social Issues, 58 (1), 33-48.

Mesch, J.S.; Talmud, I.: Similarity and the quality of online and offline social relationships among adolescents in Israel. Journal of Research on Adolescence, 17 (2), 455-466.

La pseudopsicología en la televisión (I). Monk

Es bastante común en televisión que se distorsione el rol del psicólogo y su papel. Esta recreación televisiva provoca constantemente concepciones erróneas en la gente de lo que es la psicología y cuáles son sus métodos. Las pseudociencias se nos muestran frecuentemente en tv como tratamientos acreditados de manos de actores que interpretan a prestigiosos psicoterapeutas, haciendo creer a los espectadores que eso es lo que realmente se hace en una consulta psicológica o psiquiátrica. En este caso os vengo a hablar de una famosa serie de detectives donde se aprecia este fenómeno. Su nombre es Monk.

Monk es una serie policíaca que se caracteriza por su pintoresco protagonista, Adrian Monk, un detective privado que padece de un trastorno obsesivo compulsivo (TOC), además de un sinfín de fobias poco comunes (entre otros problemas). A menudo en la serie podemos ver como Monk acude a su psiquiatra de corte psicoanalista para ir paliando sus múltiples obsesiones, compulsiones y fobias. Si continuamos viendo la serie durante un tiempo fácilmente podemos reparar en que nuestro excéntrico protagonista sigue acudiendo a su tratamiento psicoanalítico capitulo tras capitulo sin aparentes resultados.

Esto que podría parecer una simple anécdota de una serie de televisión es un vivo reflejo de una estafa que le ocurre en la realidad a cientos de personas. Un paciente con un problema acude a un psicoanalista esperando encontrar una solución en esta pseudociencia pero en vez de eso se tira meses y meses, incluso años pagando a un terapeuta, contándole sus penas y angustias sin que la enfermedad desaparezca o disminuyan sus síntomas.

Y es que la televisión a menudo a nos ofrece una visión muy irreal de lo que es la psicología. La increíble influencia que tiene el psicoanálisis y otras pseudociencias psicológicas en cine y la literatura nos hacen pensar que lo normal es un psicólogo que resuelve los problemas con hipnosis, rituales extraños, interpretando sueños, hablando del inconsciente, las pulsiones o las represiones de la infancia, como sucede en las series de televisión; nada más lejos de la realidad. Existen muchos estafadores como en nuestro ejemplo televisivo que se aprovechan de la desinformación del usuario para llenarse los bolsillos ofreciendo esperanzas que nunca llegan pero por la contra si existen tratamientos eficaces basados en ciencia que podrían haber resuelto los problemas de Monk hace años (si este fuera real).

La psicología científica, a diferencia del psicoanálisis y otros charlatanes, dispone de tratamientos muy bien establecidos para el TOC, uno de ellos es el EPR (exposición con prevención de respuesta), tratamiento de demostrada eficacia en varios estudios con diseño de grupo llevados a cabo por diferentes investigadores. Asimismo también existen tratamientos de eficacia probada para fobias específicas, como podría ser el tratamiento por exposición in vivo o algunas formas de terapia cognitivo-conductual. La Farmacoterapia tampoco se queda atrás con estudios que avalan la eficacia de medicamentos para estos problemas (clomipramina, fluoxetina, fluvoxamina, sertralina, paroxetina, etc.). Pero en vez de eso nuestro personaje así como otras personas del mundo real que padecen estos trastornos deciden acudir a terapias alternativas pseudocientíficas que solo intentan estafar al usuario con charlatanería barata.

Cuando necesite acudir a un psicólogo recuerde que lo que se ve en televisión no es un reflejo de lo que ocurre en una terapia seria, en la gran mayoría de los casos ni siquiera se acerca remotamente a lo que se hace en una consulta psicológica de verdad. Puede que el inconsciente, las pulsiones y demás palabrería queden muy bien en televisión pero para una persona con problemas no es tan divertido ser engañado con estas argucias. El trastorno obsesivo compulsivo así como las fobias son patologías para las que a día de hoy la ciencia dispone de soluciones. No se deje engañar, pida terapias acreditadas por profesionales cualificados y deje de dar de comer a los timadores.

25 abril, 2009

Los pseudopsicólogos en España. ¿Se aplica siempre el tratamiento correcto?

Todos estamos de acuerdo en que la psicología es una disciplina con estatus de ciencia, y como tal, el psicólogo debe adaptarse a esta premisa en su práctica profesional. Tanto en los códigos deontológicos americano como en el español, así como el mayoría países, se recoge por escrito la obligación de todo psicólogo de basarse en el conocimiento científico y de usar procedimientos suficientemente demostrados (artículos 1.05, 1.06 del APA, articulo 18 del COP).

Lógicamente esta formulación no se añade por capricho. Un psicólogo debe ser consciente de sus deberes profesionales y está obligado a procurar la mayor eficacia en su trabajo, así como un rendimiento óptimo de cara al paciente con los recursos de que actualmente dispone la ciencia. Para ello la psicología posee varias herramientas que nos orientan en nuestro camino científico hacia un buen éxito terapéutico, como son las guías de tratamientos psicológicos eficaces, donde se recopila la evidencia empírica que apoya y prioriza la aplicación de un tratamiento u otro sobre una patología concreta.
Aunque mucha gente no lo crea actualmente disponemos de suficientes investigaciones en el campo de la psicoterapia como para asegurar tratamientos al menos tan efectivos como la alternativa psicofarmacológica. Por ello es de vital importancia elegir bien entre todo el abanico de terapias posibles, centrarnos en las que dan mayor porcentaje de mejoría. Pero… ¿esto se tiene en cuenta siempre antes de elegir tratamiento?

¿Usted como lector cree que los psicólogos suelen emplear siempre la terapia más efectiva en cada caso? ¿Cree Ud. que normalmente los psicólogos tienen en cuenta la investigación que valida los tratamientos? ¿Cree que se elige siempre las prácticas demostradas frente a la charlatanería? Tristemente la respuesta parece ser no.

En una investigación realizada por Norcross y Prochaska (1983) se les preguntaba a los psicólogos clínicos cual era la razón por la que habían optado por una orientación u otra. Los resultados mostraron que la gran mayoría de los psicólogos escogía un tipo de psicoterapia por razones personales como gustos propios o porque era la orientación de su maestro/mentor. Sin embargo, casi nadie alegaba que usaba una orientación determinada porque era la más adecuada para el paciente, porque estaba más validada de forma empírica o porque los metaanálisis mostraban más mejoría en un trastorno concreto.

Otra investigación en la misma línea, publicada por Garb (2000) sugiere que existe una fuerte predisposición en los profesionales de la psicología para guiarse por su experiencia propia antes que por la investigación empírica, además de una marcada tendencia a no establecer observaciones metodológicas y no atender a la investigación empírica cuando ésta contradice sus observaciones personales.
Esto es especialmente peligroso, ya que normalmente por la limitación de tiempo no se suele evaluar el éxito de la intervención, cuando se evalúa suele ser de forma metodológicamente pobre y por si fuera poco tampoco se realizan seguimientos a los pacientes, tanto como nos gustaría, para ver hasta qué punto nuestro tratamiento fue exitoso.
No es nada infrecuente que la experiencia propia nos lleve a conclusiones erróneas o nos lleve a aplicar tratamientos aparentemente curativos pero que no lo son tanto (estos “profesionales” parecen no darse cuenta).

Vamos a añadir un tercer estudio ilustrativo de esta idea, esta vez en ámbito español, de Santolaya Ochando, Berdullas Temes y Fernández Hermida (2000), donde se analizaban las orientaciones teóricas declaradas por psicólogos colegiados que se dedicaban a la psicología clínica. Según las conclusiones de este estudio, un gran porcentaje de “profesionales” en nuestro país se encuentran en modelos teóricos que no cuentan con ninguna terapia acreditada.

La conclusión que podemos sacar de todos estos datos, es que la situación en psicología es muy mejorable. Supongo que el arrastrar una tradición filosófica, el desconocimiento del usuario medio o la implicación de estudios de la mente humana hacen a la disciplina psicológica especialmente apta para farsantazos y estafadores varios. No es ningún secreto que en psicología hay mucho charlatán que prefiere creencia a ciencia. Sin embargo, hay grandes profesionales que usan tratamientos muy contrastados y que desarrollan un innegable servicio a la salud mental, siempre escudados en la evidencia científica, y eso es lo que debemos buscar y reivindicar. Como no podía acabar el artículo sin aportar nada constructivo a la crítica me gustaría recalcar la importancia de basarse en la ciencia y en los estudios de verdad. De igual modo me gustaría decirles a los pacientes que se informen antes de acudir a un psicólogo, para exigir competencia y profesionalidad, y alertar a la gente ante el gran abanico de chamanes chupacuartos para que busquen una terapia seria. Que demanden servicios de calidad y pruebas objetivas, que no tengan miedo de preguntarle a un psicólogo su corriente y que se informen de las implicaciones que esto conlleva. La psicología puede ser de gran ayuda a sus problemas pero solo si se escoge el profesional adecuado.



Referencias bibliográficas usadas en el artículo: Labrador, F.J. (Ed.) (2008). Técnicas de modificación de conducta. Madrid: Pirámide.
Pérez, M., Fernández, J.R., Fernández, C. y Amigo, I. (Eds.) (2003). Guía de tratamientos psicológicos eficaces I. Adultos. Madrid: Pirámide.

15 abril, 2009

Como buscar información de psicología en la Red

La psicología como disciplina mostro una gran expansión desde los últimos años, un desarrollo frenético que multiplico exponencialmente la cantidad de bibliografía disponible en este ámbito científico. Existe una gran cantidad y variedad de información útil de muy diversa índole. El problema radica en que cada vez existe más información a distinguir. El gran volumen de documentación tanto disponible como de nueva aparición hace imprescindible que se desarrollen una serie de habilidades y recursos para acceder a esta investigación de forma rápida discriminando lo útil de lo que no lo es. Además de esto, debemos tener en cuenta que la información envejece cada vez más rápido y todo licenciado tanto investigador como profesional aplicado necesita un acceso a esta información de forma bastante periódica para estar “al día” en su trabajo.
El objetivo de este artículo es mostrar cuales son los recursos y estrategias de búsqueda en internet de estas publicaciones.

Las direcciones que figuran con un asterisco (*) son para acceso SOLO desde la red de la USC (Universidad de Santiago de Compostela)

Bases de datos de la APA (American Pychological Association): la base de datos más importante y primera referencia obligada. Es el buscador mas completo, el mas usado y el que permite definir mejor las variables de busqueda. El problema radica en que es de pago, solo podremos consultar previa suscripción privada o institucional. En nuestro caso podremos acceder desde la universidad (USC) de forma gratuita.

* PsycINFO
* PsycARTICLES
* PsycBOOKS
* PsycCRITIQUES
* PsycEXTRA

Bases de datos del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas): base de datos que contiene la producción científica publicada en España desde los años 70. Recogen fundamentalmente artículos de revistas científicas y de forma selectiva actas de congresos, series, compilaciones, informes y monografías. Es de acceso gratuito.

CSIC, ISOC - PSICOLOGÍA

También disponemos de otras Bases de datos importantes de acceso gratuito desde el FECYT (Federación Española para la Ciencia Y Tecnología) como MEDLINE e ISI Web of Knowledge (En algunos casos a pesar de ser de acceso gratuito necesitamos que nuestra entidad este suscrita al no permitir el acceso de forma particular, en este caso la USC lo esta)

* MEDLINE

PSYKE
SCOPUS
TESEO (Solo para tesis doctorales)

PUBMED
NLM GATEWAY

* ISIKNOWLEDGE
* ISIKNOWLEDGE – Journal of Citation Reports
* ISIKNOWLEDGE – ISI Proceedings
* ISIKNOWLEDGE – Web of Science

En caso de no tener acceso a estas bases de datos, disponemos de unos Buscadores Específicos para obtener información más selectiva y de ámbito científico, a los que deberemos recurrir antes de los buscadores generales.

GOOGLE ACADÉMICO
LIBRA ACADEMIC SEARCH
SCIRUS


Referencias bibliográficas usadas en el artículo: Labrador, F.J. (Ed.) (2008). Técnicas de modificación de conducta. Madrid: Pirámide

08 abril, 2009

Los test de inteligencia y el CI

No he podido dejar de notar que la mayoría de perspectivas entienden que las pruebas de CI evalúan capacidades. Esto es, una serie de problemas abstractos evalúan una capacidad más general de resolución de problemas relacionados en el contexto más amplio de la vida cotidiana. Sin embargo, hay evidencia bastante consistente de que lo que evalúan en realidad no son capacidades, sino habilidades. Puede parecer que hay pocas diferencias, pero en realidad el cambio de perspectiva es importante.

Para empezar, planteándonos el problema del CI desde el punto de vista de las habilidades cognitivas, nos encontramos con que éstas son poco generalizables. Esto es, un buen rendimiento en la tarea X no implica un buen rendimiento en la tarea Y, siendo ambas tareas que comparten la misma estructura formal pero distintos contenidos. Esto es lo que nos encontramos en los test de inteligencia, en los que aparecen una serie de problemas abstractos, de cuya resolución en absoluto podemos inferir una generalización. Ello pone en duda el valor predictivo real de los test de CI.

Por otro lado, si asumimos que los test de inteligencia miden habilidades, y una cartacterística esencial de éstas es que son aprendidas, el CI carecería por completo de valor alguno, pues puede ser entrenado. Me remito al famoso estudio de Baltes y Willis, en el que se demostró que era posible mejorar la puntuación de CI de un grupo de ancianos en tan sólo unas pocas sesiones. Esto implica que es posible puntuar alto en un test de inteligencia entrenando únicamente los problemas abstractos que lo componen, sin que esto necesariamente implique una más eficiente resolución de problemas en un contexto ecológico, lo cual también pone en duda el valor predictivo del CI. Del mismo modo, tampoco podríamos esperar que un adecuado afrontamiento de problemas en la vida cotidiana se vaya a ver reflejado en un test.

Por supuesto, los test de inteligencia no contienen sólo problemas abstractos, sino también ejercicios con componente semántico. Más claro está en esta situación que el aprendizaje, y no la capacidad, es el que determina el resultado.

Pero no es sólo el hecho de que los test de inteligencia midan rendimiento en tareas formales específicas es criticable. Aún si considerásemos que lo que evalúan realmente son los procesos cognitivos por los cuales se resuelven estos problemas, independientemente del tipo de tarea y del conocimiento semántico, estaríamos hablando de habilidades entrenables. Las estrategias de resolución de problemas también se aprenden, habiendo una clara distinción entre expertos y novatos. No se puede concluír que una persona es más inteligente que otra sólo porque la primera es capaz de resolver un problema con mayor eficiencia. Tampoco aquí encontramos nada que apoye el valor predictivo de los test de CI.

Y ahora viene la pregunta: ¿cómo podemos explicar que correlacione en cierta medida con el éxito académico? Pues por varias razones. Primero, en muchos países el CI se utiliza como dato para filtrar a la gente. Esto es, sin un CI alto, el sistema no da la posibilidad de tener éxito académico. Podríamos incluír aquí el efecto de profecía autocumplida. Segundo, si sabemos que los test de inteligencia miden habilidades, y éstas son aprendidas, es razonable pensar que la persona con alto CI las ha aprendido en algún sitio. Cabe suponer que esta persona ha estado sometida, por los motivos que sean (motivación, presión de los padres, aprendizaje vicario...), a una mayor estimulación, lo cual en principio también se reflejaría en sus resultados académicos.

¿Y qué hay de esa observación del profano, de que las personas con un alto CI "parecen inteligentes"? Bueno, la gente de la calle suele confundir "inteligencia" con "sabiduría". Curiosamente, andan menos desencaminados que muchos psicólogos de pro. Simplemente, las personas con una buena estimulación cognitiva puntúan un CI más elevado, y también suelen hacer gala de mayor conocimiento debido precisamente a esa mayor estimulación.

¿Y qué nos queda de todo esto? Pues que es probable que los test de inteligencia desde el punto de vista de las capacidades, y el concepto de CI, valgan para bien poco. O, al menos, que no es adecuado el uso que actualmente se hace de ellos.

05 abril, 2009

Sobre el respeto y la legítima diversidad de teorías

A menudo los detractores de la superstición y las prácticas no demostradas reciben duras amenazas y críticas por parte de colectivos que ven amenazados su nuevo filón de oro o sus arraigadas creencias irracionales.

Ayer mismo, recibimos un pequeño puñado de cariñosos insultos insípidos e infantiloides. ¿La razón? Estos “iluminados abiertos de mente” tienen la creencia irracional de que los hechos no necesitan ser demostrados. Cualquiera puede aplicar sus credos y experiencias oriundas al campo de la salud escudándose en la honorable frase de “la diversidad siempre es buena”.

Esta diversidad o variedad de alternativas “terapéuticas”, lejos de ser útil, constituye una práctica deshonesta que se aprovecha de la ignorancia de la gente. O bien se alude a lo profundo de la sabiduría tradicional, se afirma que la ciencia no lo sabe todo, o se recurre a falacias argumentativas típicas “si lleva existiendo tanto tiempo significa que alguna utilidad tendrá” “si a tanta gente le funciona será que por algo” o la mítica y archiconocida falacia de “fulanito fue al gurú X y salió curado”. Todos estos argumentos tienen algo en común, se basan en errores de razonamiento. Y al no reflexionar sobre ellos, en principio nos podrían parecer realidades legitimadoras del uso de estas conjeturas. La lingüística nos confunde y aparecen falsas explicaciones que se disfrazan de verdaderas evidencias. En realidad esto no es más que una maniobra justificadora para instarnos a abandonar tratamientos probados a lo largo de diversas investigaciones para optar por una “esperanzadora cura” que no tiene más garantías que la palabra del pseudocháman de turno que fervientemente asegura que funciona.

Cuando criticas con la evidencia en la mano alguna de estas dudosas prácticas, negligentes para el paciente, y demuestras que una de estas chapuceras teorías no se sostiene, alegas que no dispone de soporte empírico o que nunca se haya hecho una investigación al respecto. Entonces es cuando a falta de argumentos para rebatir tus acusaciones, llega el ataque de siempre: “¡eres un radical cientificista!, hay que respetar las teorías y prácticas de los demás”

Sé que en los tiempos que corren no hay nada más bonito que hablar de respeto, moralidad, apertura al conocimiento ancestral y a las sabias tradiciones místicas. Pero difícilmente se puede respetar a un estafador que cambia certezas por explicaciones mágicas, o tratamientos actuales y testados por medicina del siglo pasado. Si un médico recurriera a prácticas tradicionales y nos cauterizara una herida con un hierro ardiente en vez de aplicarnos unos puntos pondríamos el grito en el cielo, volarían las demandas, nos cagaríamos en toda su familia. Seguro que en estas circunstancias nadie aludía al respeto por la utilización de métodos alternativos. Sin embargo si un “médico” naturista nos recomienda abandonar un tratamiento médico para tomar una hierbecita que se lleva suministrando desde la edad media sin mucho resultados, es un visionario, alguien que nos trata sin aludir a métodos artificiales y que se respalda en tradiciones centenarias en vez de recurrir a las malvadas farmacéuticas.

El respeto parte de considerar algo como valioso o útil. Si bien podemos respetar ciertas prácticas en su contexto histórico, cuando no se disponía de mayores medios, hoy en día, en el marco actual, nos sería imposible hacerlo. Como colectivo conocedor de la ciencia tenemos el deber de fomentar un pensamiento crítico y desenmascarar fraudes que atentan contra la salud. Quitarle el trabajo a esos farsantazos que se nutren de la desgracia ajena, que a pesar de no tener la constancia para estudiar una carrera creen que pueden desempeñar la misma tarea que los profesionales cualificados o incluso mejor que estos. Pasarte media vida en un laboratorio para convertir una idea en un bien para la humanidad no es tarea fácil, sin embargo esto beneficia a millones de personas. Por contra, un pseudocháman que no se cimienta en supuestos sólidos, que no realiza estudios, que no invierte el tiempo documentándose, leyendo bibliografía o comprobando sus teorías exige el mismo respeto a pesar de estar cometiendo un fraude descarado y mostrando una brutal indiferencia ante los problemas ajenos. Sinceramente no se lo merece. Así que antes de acusar a alguien de radical, irrespetuoso o sectario pensad en el poco respeto que muestran estos personajes de “mentalidad abierta y actitud tolerante” a los derechos que poseen las personas de recibir el mejor tratamiento posible a su enfermedad.

31 marzo, 2009

Indefensión vs superstición

Hoy toca hablar de un interesante debate dentro de la psicología básica (y, para los que de principio crean que va a ser un coñazo, sostengo que la básica es fascinante). Se trata de una situación muy típica en psicología, en la cual en dos condiciones aparentemente iguales se producen dos fenómenos totalmente distintos. En este caso, hablaremos de la indefensión aprendida y de la superstición o ilusión de control.

La indefensión aprendida tiene lugar cuando se somete a un animal a una situación en la que se presentan estímulos o eventos aversivos (p. ej. descargas), que no están señalizados. Esto los convierte en incontrolables e impredecibles (que al fin y al cabo es casi lo mismo: predecir un evento permite controlarlo). Esta situación produce un síndrome en el animal que consiste en: un déficit motivacional (la rata no huye de la descarga, se vuelve pasiva), un déficit cognitivo (la rata muestra dificultades para aprender en posteriores situaciones en las que el EI sí está precedido por un EC, y es por tanto predecible), y un déficit afectivo. Para los autores que desarrollaron esta idea, es como si el animal aprendiera que no hay nada que hacer y se rindiera a su suerte. La numerosa investigación animal sobre el fenómeno contribuyó a eliminar hipótesis alternativas al déficit, y consolidó a la indefensión aprendida como una nueva forma de aprendizaje, no observada con anterioridad. Lo que se aprendía, para estos autores, era sencillamente que el evento era incontrolable. A raíz del éxito de este planteamiento, se decidió dar el gran salto a los humanos. Para muchos, no pasó desapercibida la enorme semejanza entre el síndrome de indefensión y la depresión, por lo que no se tardó en crear una teoría de la depresión por indefensión aprendida. Según ésta, si se daban una serie de condiciones en la vida de las personas, desarrollaban depresión a través de este mecanismo. Los requisitos eran percepción de incontrolabilidad de los eventos externos (y recalco lo de percepción), atribución interna (es decir, atribuír la falta de control a la propia incapacidad), percepción de estabilidad (es decir, creer que la situación se va a mantener en el tiempo), y generalización (creer que la situación se da en todas partes). No es raro que una persona tenga este tipo de cogniciones cuando pasa por algún momento difícil, en el que ocurren cosas fuera de su control (muerte de familiares, pérdida de empleo…). La teoría se fue matizando, pues no todas las personas que pasan por situaciones que a priori provocarían indefensión acaban deprimidas. Por ello, se distinguió entre depresión endógena (en la que la vulnerabilidad biológica tenía un mayor peso) y la depresión reactiva (en la que las condiciones ambientales tenían más protagonismo). Se realizó numerosa investigación con humanos para comprobar que la indefensión aprendida de hecho se producía, al menos en situaciones de laboratorio, y durante un tiempo esta teoría gozó de notable éxito.

Sin embargo, siempre surgen voces críticas. Las más demoledoras se basaron en un descubrimiento de Skinner. Éste sometió a palomas a unas condiciones en las que se les dispensaba automáticamente comida, de forma incontrolable e impredecible. Tras un tiempo, observó que cada paloma había desarrollado un patrón de conducta distinto, como si “creyeran” que su realización provocaba de hecho la aparición de comida. Ocurría que, aleatoriamente, se reforzaba alguna conducta de la paloma, lo cual acababa provocando una especie de comportamiento supersticioso o ritualista. Esto parece contradecir la hipótesis de la indefensión aprendida, según la cual las palomas deberían aprender que el estímulo es incontrolable. Existen diferencias importantes, pues en este experimento se usan estímulos apetitivos en lugar de aversivos; sin embargo, este planteamiento supone un duro reto para la teoría de la depresión por indefensión aprendida, pues ésta supone que la depresión ocurre cuando la persona percibe que los eventos del ambiente ocurren independientemente de lo que haga. En la búsqueda por la variable clave para que se produzca indefensión aprendida en humanos, se halló que los experimentos en los que se hallaba indefensión aprendida en sujetos humanos se caracterizaban por tener feedback de error. Esto es, en tareas de resolución de problemas irresolubles (incontrolables por tanto), se decía al sujeto que sus respuestas eran incorrectas; y en tareas de evitación de estímulos aversivos incontrolables (un ruído fuerte y molesto) se decía que su acción no era la adecuada para evitar el evento. En experimentos en los que se eliminó el feedback de error, los sujetos tienden a desarrollar ilusión de control, esto es, a creer que su respuesta realmente sirve para algo. Es más, si se les decía al final que realmente lo que habían hecho estaba todo mal, muchos sujetos no se lo creían. Estos experimentos ponen de manifiesto que en realidad la indefensión aprendida no ha sido demostrada en humanos, pues el feedback de error puede ser una explicación alternativa al fenómeno. Y es difícil crear una situación en la que la persona perciba falta de control sin feedback, pues los humanos tenemos la tendencia a formular hipótesis explicativas de cada cosa que nos pasa, lo cual nos lleva muchas veces a la superstición, o a una falsa sensación de control.

Las posturas más conciliadoras consideran que indefensión y superstición pueden ser los dos extremos de un continuo. Por ejemplo, una persona que ha sido diagnosticada de una enfermedad incurable podría tomar dos cursos de acción: darse cuenta de que la terapia no vale para nada, y de que la enfermedad está fuera de su control, lo cual degeneraría en depresión; o por el contrario desarrollar la creencia de que posibles mejorías transitorias se deben a terapias o actividades que pruebe el paciente, lo cual llevaría a superstición (y por qué no, esperanza). Este punto de vista es coherente con la observación de que los sujetos deprimidos tienden a mostrar menos ilusión de control que sujetos no deprimidos. La superstición surge de la creencia de que el ambiente se puede controlar, y la depresión de que no se puede. La investigación sobre el tema nos dirá bajo qué condiciones tiene lugar cada una.

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